
Tras la pintura académica que abre el recorrido, el visitante avanza hacia un cambio de mirada. La historia y el gran relato ceden espacio a lo cercano, a lo reconocible. El territorio empieza a ocupar un lugar central, no solo como paisaje, sino como expresión de una forma de vivir y de entender el mundo.
En esta sala, el regionalismo se presenta como una respuesta artística a los cambios sociales y culturales de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Frente a los modelos heredados de la tradición académica, muchos artistas vuelven la vista hacia su entorno inmediato: el campo, los pueblos, las escenas cotidianas y los tipos humanos que forman parte de la memoria colectiva. No se trata de una mirada neutra, sino de una interpretación idealizada, cargada de valores identitarios y de un fuerte componente emocional.
José Bermudo Mateos (1849- 1909)
La obra de José Bermudo Mateos es un buen ejemplo de esta mirada. Su pintura se centra en el mundo rural extremeño, al que representa desde una perspectiva serena y ordenada. En sus cuadros no encontramos escenas tensas ni conflictivas, sino una visión idealizada del entorno, donde el paisaje y las figuras humanas parecen integrarse de manera natural. Es una pintura que transmite calma y permanencia, como si el tiempo discurriera a otro ritmo.
Bermudo Mateos construye sus escenas con cuidado: la composición está pensada para guiar la mirada, el color refuerza la atmósfera y los personajes aparecen plenamente integrados en su entorno. Campesinos, caminos, arquitecturas populares y paisajes se convierten en elementos que hablan de una forma de vida ligada al territorio. No se trata solo de mostrar lo que se ve, sino de sugerir una identidad basada en la tradición y en la relación con la tierra.
Este regionalismo idealizado responde también a un momento histórico concreto. En un tiempo de cambios y transformaciones, la pintura de Bermudo Mateos fija una imagen del mundo rural que funciona casi como refugio y como memoria. Sus obras no pretenden documentar la realidad de forma estricta, sino ofrecer una interpretación que refuerza el sentimiento de pertenencia.
Dentro del recorrido de la planta de artes plásticas, esta sala ocupa un lugar clave. Aquí se consolida una manera de entender la pintura como vínculo entre arte y territorio, una línea que tendrá continuidad en otras propuestas del museo y que permite comprender mejor cómo la identidad extremeña se fue construyendo también desde el lenguaje visual.