
En este punto del recorrido, la planta de artes plásticas se abre a otras formas de entender la creación artística. Son obras vinculadas a trayectorias personales que se desarrollaron al margen de los caminos más habituales de su tiempo, marcadas por la inquietud y la búsqueda de lenguajes propios.
Pedro Campón Polo y Teresa Chaparro trabajaron desde planteamientos distintos a los dominantes, explorando el dibujo, la pintura o la ilustración con una mirada personal. Más que un estilo común, lo que comparten es esa manera singular de aproximarse al arte, que amplía y enriquece el relato del museo.
Esta sala invita a descubrir voces menos visibles, pero fundamentales para comprender la diversidad y complejidad del panorama artístico extremeño.
Pedro Campón Polo
(Casas de Don Antonio, 1885 – San Sebastián, 1941)

Pedro Campón Polo
La obra de Pedro Campón Polo refleja una trayectoria artística marcada tanto por la inquietud creativa como por unas circunstancias personales difíciles.
Autodidacta en lo pictórico, pero con una amplia formación cultural, fue un creador inquieto que desarrolló su trabajo al margen de los caminos más transitados del arte de su tiempo. Pintor, dibujante, músico, escritor y editor, su producción artística refleja ese cruce constante de disciplinas y miradas.
En sus obras, el dibujo ocupa un lugar central. Campón domina la figura humana con un trazo firme y expresivo, directo, sin idealización, que se aleja del regionalismo más amable para ofrecer una visión más cruda y contemporánea de la realidad. Sus personajes, sus rostros y sus escenas parecen extraídos de la vida misma, con una intensidad que remite tanto a la experiencia personal como al contexto social y político que le tocó vivir.
Tras una etapa en Madrid, vinculada a ambientes intelectuales y de compromiso ideológico, su trayectoria continúa en el exilio europeo, especialmente en Bruselas, donde desarrolla una intensa actividad cultural y obtiene reconocimiento fuera de España. El regreso tras la Guerra Civil marcará el final de su carrera: detenido en la frontera, muere en el campo de concentración de Ondarreta en 1941. Su obra, interrumpida de forma abrupta, permanece hoy como testimonio de una mirada libre, crítica y profundamente humana dentro del arte extremeño del siglo XX.
Teresa Chaparro
(Navas del Madroño, ca. 1895 – ca. 1921)
Su obra nos llega como un conjunto reducido pero especialmente significativo. Durante décadas permaneció prácticamente desconocida, conservada en el ámbito familiar, y es hoy cuando puede empezar a leerse dentro del relato artístico de su tiempo. Su trayectoria fue breve y su producción escasa —apenas una decena de óleos—, pero suficiente para reconocer en ella una voz propia.
Sus pinturas se centran en paisajes cercanos y bodegones de flores, temas cotidianos abordados con una pincelada suelta y viva. El uso de soportes poco habituales, como el latón o el cobre, y su atención constante a la luz y al color conectan su trabajo con una sensibilidad próxima al impresionismo, poco frecuente en el contexto extremeño de comienzos del siglo XX. En sus obras, la materia pictórica respira ligereza y frescura, sin artificio ni solemnidad.
Alejada de los circuitos artísticos y en un entorno claramente dominado por hombres, Teresa Chaparro desarrolló su pintura de forma discreta, casi íntima. Sin embargo, sus cuadros revelan un sólido dominio técnico y una mirada atenta a lo sencillo, a lo cercano, a aquello que forma parte de la experiencia cotidiana. La presencia de su obra en el Museo Casa Pedrilla permite hoy recuperar y valorar una trayectoria detenida demasiado pronto, pero esencial para comprender la diversidad de miradas que conforman la historia artística extremeña.

Teresa Chaparro Moreno